28 abril 2006

Del espacio al acontecimiento arquitectónico

¿Cuando la arquitectura fue un acontecimiento para mi? En un principio, después de mi encuentro con la arqueología, que me acercó en forma importante a la creación del hombre, descubrí que también hombres de nuestros tiempos o de tiempos cercanos a nuestros tiempos creaban obras fantásticas. A través del estudio de la historia del arte descubrí a Gaudi. En un principio fueron solo coloridas láminas de un maravilloso libro que me regaló mi papá. Después el conocimiento de su apasionada vida dedicada a exaltar a Dios a través de su obra, al conocimiento de su entrega y a la capacidad creativa, formas nunca vistas por mi, enrejados maravillosos con forma de dragón, esbeltas y altisimas torres que te llevaban al cielo, formas inspiradas en la naturaleza que dejaban su mágica esencia para transformarse de "seres" en "obras", creaciones etereas transformadas en realidades palpables por el hombre. Tarde más de veinte años en visitar por primera vez sus construcciones. La excitación que senti en esos dias en Barcelona es indescriptible. Cada lugar creado por él tenía un ambiente que vivir. Conocer la casa Mila me llevó a descubrir la libertad creativa de un genio que conoce su oficio. Tratar de discernir la planta de un espacio tan ricamente complejo me era casi imposible.Visitar el ritmico ático con curvas catenarias me remontó nuevamente al sentimiento del espacio vivido en los edificios mayas, pero ahora enriquecido por la música. Cada sendero, cada bifurcación entonaban una melodía en mi cabeza. El edificio, el espacio cantaba. Terminar subiendo a su azotea, descubrir sus personajes, disfrutar la libertad de las formas. Entender que a pesar de la libertad que reflejan las formas hay un conocimiento estructural profundo, te maravilla.

Ensayo sobre el espacio arquitectónico

Cada día como arquitectos pretendemos solucionar espacios para el uso de las personas. En algunas ocasiones la realización de estos trabajos se convierten en actos mecánicos, otras, la prisa con la que normalmente se vive en estos días, la urgencia de los clientes y la desvalorización de la arquitectura como actividad fundamental del quehacer humano, nos llevan a satisfacer a nuestros clientes sin una justificación razonada del proyecto en si. He escuchado a personas expresarse del proyecto arquitectónico como "un dibujito" y es común que en nuestra práctica tomemos la misma actitud, sin involucrarnos en la creación del espacio como tal. Solo cuando visitamos algunos espacios y hemos desarrollado nuestra sensibilidad podemos disfrutar un espacio hasta el punto de sentir que la piel se nos enchina, que un escalofrio recorre nuestro cuerpo. El desarrollo de la sensibilidad es esencial para poder disfrutar y lograr vivir un espacio arquitectónico. Si como profesionales logramos hacer esto, podremos entonces dar el siguiente paso. Crear espacios que hagan a las personas sentir. Empecemos pues entendiendo que es aquello que "sentimos" cuando disfrutamos un espacio. Se trata de aspectos de relación. Dicotomias. Relaciónes entre tamaños: Formas chicas, formas grandes. Esapacios abiertos y espacios cerrados. Espacios continuos y discontinuos. Novedad contra repetitividad, ritmo y caos, luz y sombra, frio y calido, tranquilo y bullicioso, confortable e intolerable, etc. La relación tiene como referente fundamental a la persona misma. Si no es en relación a ella, ninguno de los términos antes expresados puede ser valorado. Los sentidos del ser humano nos permiten percibir cada uno de ellos y el correcto manejo de los mismos logra exaltar los sentidos hasta un parametro metafísico, espiritual. Mi primer encuentro con la arquitectura se dio visitando algunos de los monuméntos arqueológicos de México. Recuerdo haber descubierto el sentido del espacio dentro de un corredor con arco maya que vestibulaba el acceso a una gran plaza llena de luz en Uxmal. Haber encontrado el sentido a una ventana al ver a través de las pequeñas aberturas en el templo junto al már en Tulum. Descubrí la grandeza de la civilización Teotihuacana subiendo y bajando infinidad de veces las piramides del Sol y de La Luna y recorriendo la Avenida de los Muertos, que me llevarón a revivir el sentimiento de inmensidad que uno siente junto a obras de la naturaleza, como cuando uno escucha el sonido de las olas en una noche oscura, paseando por la playa. Descubrí la sabiduria de la memoria colectiva y la creación del espacio confortable cuando entre en una construcción vernácula de la zona maya y el brillo del blanco cuando visité la ciudad de Merida. Recuerdo cada paso que di sobre las banquetas de verde cantera humedecidas por la lluvia en la maravillosa Oaxaca.