En nuestros días se define al ácrata como aquél que no acepta la legitimidad de aquello que le sea impuesto, aquél para quien toda acción tendrá valor moral si emana de la decisión libre de quien la emprende, por el compromiso voluntario, no por obediencia.
Acracia es un término de origen griego. Como concepto es analizado por Aristóteles en su “Ética a Nicómano”. Desde una perspectiva en donde la inteligencia y la razón fueran capaces de definir “lo mejor”, todo ser humano debería tomar sus decisiones fundamentándolas únicamente en ellas. Lo que queremos y lo que debemos hacer deberían de ser coincidentes y sin embargo, muchas veces son lo opuesto. Acracia se refiere en dicho análisis al optar por “la peor” opción.
Sócrates decía que la acracia no existía, ya que nadie optaría por “lo menos bueno” conociendo que hay algo mejor. Sin embargo Aristóteles analiza la acracia y justifica su existencia introduciendo el tiempo como factor definitorio en la toma de decisiones que no se orienta por el “bien perfecto” sino por el “bien inmediato” a sabiendas que éste es inferior. Como individuo tendré la facultad de encontrar la justificación si aquello prometido es difuso y lejano.
Acracia no es la respuesta a un impulso que desconoce las consecuencias. Si eso fuera, Sócrates tendría razón. El ácrata sabe que con sus actos esta cancelando una opción más inteligente y perfecta, en teoría “mejor”. Distingue lo que sería bueno hacer pero eso no es lo mismo que estar dispuesto a hacerlo; el prudente estará dispuesto, el incontinente (ácrata) no. Surge en el instante en que sabiendo lo que se debe hacer, el ser humano se enfrenta a la alternativa de llevarlo a cabo o no. Ejerce su libertad y actúa en contra a lo supuesto. Como el optar por una decisión ácrata no es una actitud continua o crónica, las personas no somos, sino que actuamos como ácratas. El deseo opuesto a la razón. Querer contra deber, aun cuando lo correcto no es necesariamente sinónimo de lo mejor.
Pero para Searle (2001), el hombre actúa en consecuencia a ciertas condiciones necesarias. La acción humana es resultado de la configuración actual de los deseos de quien va a actuar. Es la manifestación más elemental de nuestra libertad. Esa que se siente en el instante previo al actuar cuando nos percatamos que podemos llevarla a cabo pero también de que no. En los casos de acracia el hecho de la conexión entre reconocer algo como mejor y llevarlo a cabo o buscarlo, no es necesaria. Se caracteriza por falta de acuerdo entre lo que se piensa y lo que se hace. Nuestra motivación se justifica mediante razones con poder normativo que implican la adopción de un conjunto de actitudes, que permiten ejercer la libertad. Tener una razón para hacer algo es igual que estar justificados para adoptar una cierta clase de actitud. En casos de actuación ácrata, tengo razones que usualmente no estaría favorablemente dispuesto a adoptar, llegando a que mi intención se convierta en razón y tratando que no se vuelva incompatible con mis otros planes. Por eso, a una persona con un actuar que a priori pareciese incomprensible se le pide que identifique el motivo de la acción, la razón de su actuar.
Es común que el actuar ácrata se de cuando diferentes motivaciones entran en conflicto, y entonces: ¿qué es “lo mejor”?, ¿lo que nos da felicidad? y por otro lado, ¿es la felicidad una cuestión de democracia?, ¿es mejor lo que hace felices a más o a ti?, ¿lo mejor para mí o para los demás?. O volviendo al tiempo como factor definitorio: ¿es mejor lo que te hace feliz por más tiempo o lo que lo haga con mayor intensidad?, ¿podríamos encontrar la forma que ayude a definir matemáticamente el “mejor” actuar?, ¿será entonces la respuesta “aquel que nos lleva a arrepentirnos menos”?.
Goleman en su libro “Inteligencia Emocional” menciona la herramienta “control de impulsos” como una facultad que puede desarrollarse y que reducirá la actuación ácrata, que permitirá al final del camino obtener un bien mayor. Sin embargo ¿estaremos dispuestos?
Bibliografía:
Goleman, D. & I. Mateo, E. (2004). La inteligencia emocional (40ª ed.). México: Vergara.
García Ninet, Antonio (2007) “Silogismo Práctico y ´akrasia´.” http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/ninet50.pdf Consultado el 1ro de julio de 2008
Santos, José Manuel (2004) “El problema de la motivación moral” http://www.javeriana.edu.co/cuadrantephi/sumario/articulos34.htm. Consultado el 1ro de julio 2008.
Searle, John (2001) Rationality in Action, Cambridge, MIT Press.
Texto:
M. Arq. Lourdes Tamés Pidal.
Docente de la Escuela de Arquitectura.
Universidad La Salle Pachuca.
dinstitucion@lasallep.edu.mx
Pulicado en la Revista CUADRO No. 9
Agosto-Septiembre 2008 con el tema: Opuesto.
26 septiembre 2008
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