28 abril 2006

Ensayo sobre el espacio arquitectónico

Cada día como arquitectos pretendemos solucionar espacios para el uso de las personas. En algunas ocasiones la realización de estos trabajos se convierten en actos mecánicos, otras, la prisa con la que normalmente se vive en estos días, la urgencia de los clientes y la desvalorización de la arquitectura como actividad fundamental del quehacer humano, nos llevan a satisfacer a nuestros clientes sin una justificación razonada del proyecto en si. He escuchado a personas expresarse del proyecto arquitectónico como "un dibujito" y es común que en nuestra práctica tomemos la misma actitud, sin involucrarnos en la creación del espacio como tal. Solo cuando visitamos algunos espacios y hemos desarrollado nuestra sensibilidad podemos disfrutar un espacio hasta el punto de sentir que la piel se nos enchina, que un escalofrio recorre nuestro cuerpo. El desarrollo de la sensibilidad es esencial para poder disfrutar y lograr vivir un espacio arquitectónico. Si como profesionales logramos hacer esto, podremos entonces dar el siguiente paso. Crear espacios que hagan a las personas sentir. Empecemos pues entendiendo que es aquello que "sentimos" cuando disfrutamos un espacio. Se trata de aspectos de relación. Dicotomias. Relaciónes entre tamaños: Formas chicas, formas grandes. Esapacios abiertos y espacios cerrados. Espacios continuos y discontinuos. Novedad contra repetitividad, ritmo y caos, luz y sombra, frio y calido, tranquilo y bullicioso, confortable e intolerable, etc. La relación tiene como referente fundamental a la persona misma. Si no es en relación a ella, ninguno de los términos antes expresados puede ser valorado. Los sentidos del ser humano nos permiten percibir cada uno de ellos y el correcto manejo de los mismos logra exaltar los sentidos hasta un parametro metafísico, espiritual. Mi primer encuentro con la arquitectura se dio visitando algunos de los monuméntos arqueológicos de México. Recuerdo haber descubierto el sentido del espacio dentro de un corredor con arco maya que vestibulaba el acceso a una gran plaza llena de luz en Uxmal. Haber encontrado el sentido a una ventana al ver a través de las pequeñas aberturas en el templo junto al már en Tulum. Descubrí la grandeza de la civilización Teotihuacana subiendo y bajando infinidad de veces las piramides del Sol y de La Luna y recorriendo la Avenida de los Muertos, que me llevarón a revivir el sentimiento de inmensidad que uno siente junto a obras de la naturaleza, como cuando uno escucha el sonido de las olas en una noche oscura, paseando por la playa. Descubrí la sabiduria de la memoria colectiva y la creación del espacio confortable cuando entre en una construcción vernácula de la zona maya y el brillo del blanco cuando visité la ciudad de Merida. Recuerdo cada paso que di sobre las banquetas de verde cantera humedecidas por la lluvia en la maravillosa Oaxaca.

2 comentarios:

Cristina Copca dijo...

Me parece que el incentivar la sensibilidad espacial de las personas por medio de la arquitectura es un objetivo que se ha perdido al intentar infundir los espacios con caprichos. Se ha ido dejando de lado el verdadero análisis de la percepción sensorial de un usuario ante el espacio, y en vez de esto nos hemos enfocado a proponer vistas.

José de Jesús Zamora Gómez dijo...

La arquitectura no es construir casas en serie, cada persona requiere de espacios diferentes, con elementos cualitativos y cuantitativos distintos que deben ser completamente estudiados y profundizados para poder proponer un espacio acorde a sus necesidades y gustos. Sin embargo tras los últimos avances de principios del siglo XX y con la intervención de la revolución industrial, el objetivo principal es la construcción por medios de producción en serie con el fin de abaratar costos pensando en que todas las personas son iguales y requieren satisfacer las mismas necesidades. Pero si cada persona es diferente, ¿por qué todas las casas deben de ser iguales?, a raíz de esto, muchas de las construcciones se van simplificando con la justificación de que será menos costosa y menos difícil de calcular y de construir, sin embargo estamos cayendo en una monotonía de espacios sobrios en color blanco con formas geométricas remarcadas donde predominan las formas rectas, que si bien responden con la funcionalidad, no hay algo más de extraordinario que eso.
Para hacer arquitectura, se necesita algo más, se necesita el estudio de los fenómenos y como son percibidos a través de los sentimientos en primera persona, que pueda sentirse y vivirse. Se necesita de la fenomenología. Desde una entrada de luz, un juego de sombras, el color, algún aroma o algún sonido como el agua cayendo o corriendo, sin elementos que hacen vivir la arquitectura y recordarla más allá de lo que tus ojos ven. Te hacen recordarla por lo que tú alma siente.